Luna a mitad

No te me escondas entre manchas de cielo. Sé que estás ahí, esta vez tímida, partida… No importa. Lo que queda de ti es grande, bello, redondeado, un suspiro que sobrevive entre las sombras.. entre nubes que no respetan tu ser etéreo…
Pero tú… tú eres como el fenix …

Llanto

Una noche más que no concibo  el sueño. Lo peor de la vigilia es verlo a él dormir como si nada mientras yo lloro en silencio. No se da cuenta. Es mejor así. ¿Qué podría hacer, decirme? No hay nada en este momento que pudiéramos solucionar cuando todo es nube, confusión, indecisión…. la cruda, despiadada complejidad del amor.
Siento la cabeza que me estalla en pensamientos. Todo gira en torno a una pregunta… La pregunta es si el amor es suficiente… cuando la voluntad está desquebrajada, el recuerdo adolorido, el futuro un punto ciego de niebla  apabullante y densa… Y la razón… la razón no confía en lo que el corazón insiste en recrear. ¿El amor es suficiente para sostener una casa con cimientos demolidos? ¿Es suficiente para olvidar, dejar de lado el orgullo, el prejuicio, el dolor? Pero no puedo hacer a un lado a mi propio yo… ¿Si me quedo con él me perdería? ¿Olvidaría quién soy, otra vez? De nuevo tantas y tantas preguntas…
¿Es el final? ¿Es de nuevo el final? Duele así… tal como aquella vez que pensamos era la última… Duele con desesperación, con desesperanza… Dentro de mi pecho algo arde y se abre.
Vine aquí sin pensar en un nuevo amanecer y descubro que su sonrisa me conmueve como siempre, que a todo lo que siento sumo su propio sentimiento…. que su dolor es el mío, que su amor es como el mío. Y sin embargo estoy aquí llorando como lloraba cuando de niña me invadía el miedo. Lloro por todos los motivos que me hacen sentir que no me ama, pero más lloro por todos los detalles que me muestran que me ama… Lloro porque no puedo dormir… porque no puedo gritar… ni decidir y lloro especialmente por su indecisión… que me tortura el alma.
Hoy su presencia me lastima y pienso en mañana… en mañana irme volando… y siento las alas rotas de repente… y entonces no sé qué hacer… Y escribo.

El viaje

Desempolvo la ilusión, el abrigo, la bufanda, la maleta ansiosa -la atiborro de recuerdos, casi estalla al intentar cerrarla.
La estación de autobús, el primer aeropuerto -un pase de abordar indica el destino que por tanto tiempo pretendí evitar.
El Despegue. No tengo control de nada en este momento. Me dejo llevar. Ya no tengo miedo. Me siento libre.
Llego al segundo aeropuerto. Abro mi libro. Me sumerjo en un mundo donde no importa el movimiento de la gente que va y viene moviéndose al compás del monitor de salidas. Leo; y el tiempo no me hace esperar.
La inspiración me susurra por encima del Atlántico. La noche me acurruca junto a la ventana. Serena me vuelvo parte de los astros.
En el tercer aeropuerto enciendo mi laptop. Escribo. No importa donde esté mis letras me llevan al centro de mi mundo, ese que es siempre, ese que es constante. Escribir es la mejor manera de prepararme para lo que viene. Respiro.
El aeropuerto de Verona es pequeño, como lo recuerdo. Él llega tarde, lo espero sentada en una fría sillita. No recordaba cómo se siente aquí el invierno… Cuando lo veo entrar, corriendo hacia mí, sonrío y anulo la queja por retraso. Nos abrazamos: él como si nada hubiera pasado, yo con una extraña timidez en el alma. Aquí inicia el viaje.

Vuelo

Mis alas de dragón aun adoloridas  se extienden temerosas, inseguras. Sin embargo me lanzo al vuelo de la incertidumbre, una vez más…
Mientras caigo al vacío escucho a lo lejos “a soul in tension that’s learning to fly” -… entonces recuerdo cómo volar y  me alzo sobre nubes y montañas lanzando llamaradas de fuego que derriten el hielo del norte…. donde me esperas.  

Algo más

Hay que ser valiente para vivir en este país

para volar sobre tinieblas

para decir “no” una y otra vez.

Es necesario valor para ser   uno mismo,  desnudar el alma.  No esconder el llanto, la alegría, la euforia, la ansiedad, la pasión… valor para no fingir  sonrisas ni orgasmos, ni demencia.

Se necesita atrevimiento  para tomar ese autobús nauseabundo

que me lleva a mi amigo adolorido, para abrazar  su quebranto,  cobijarlo.

Es necesario algo más que fuerza para levantarme cada mañana, asimilar cada peligro y decidir  seguir adelante un día más  aunque no logre ignorar el desafío de la vida.

Hay que tener agallas para   regresar  a la ciudad niebla, para no dejarme cegar por la belleza ni sentir que sólo ahí me adentro en lo más profundo de mi misma. Se necesita valor para volver a esa ciudad… pero más  para salir de ahí.

Se requiere valor para mirarte a los ojos,  traducir  la verdad,   descifrarte, para llorar, gritar y quebrarme  frente a ti.

Es preciso  valentía para besar el sentimiento

despertarlo de aquel  largo  sueño

asumir el riesgo de amar,  de  amarte  aunque sea un instante.

Se necesita valor para dejarse llevar, fluir, confiar, para tener fe.

Se necesita ser fuerte -si

ser valiente -si

y algo más… algo más…

Este año…

Hace un año no deseaba festejar. Acababa de regresar de un largo largo viaje. Parecía que mi cuerpo y mi mente sentían el cansancio acumulado de  los últimos años  en los que una mezcla de amor, aromas, ciudades,  rostros, montañas rusas emocionales, abrazos,  adaptaciones, mudanzas, nostalgias, lugares nuevos… lugares añejos… hogares…despedidas… tantas despedidas  abrumaban mi sentir  conmocionado por el último adiós, aquél día, en aquel aeropuerto…  Me recuerdo en mi cuarto, llena de melancolía, lo único que se me antojaba era dormir…  Sin embargo me levanté y disfruté  serenamente el día junto a los míos.

En realidad han pasado sólo 12 meses pero parecieran más cuando me doy cuenta de todo lo que hice este periodo. No me refiero a actividades, hablo de lo que sucedió en mi interior… la manera en que poco a poco me fui sintiendo mejor y fui ganando la batalla contra esa otra Zuri que no era yo. No sé si me he recuperado por completo pero sé que cuando me miro al espejo me reconozco, sonrío, me gusta lo que veo.  Lo mejor de todo es  saber  qué es lo que sana, lo que me sana: el cariño y el amor de mi familia; la compañía de mis amigos; el arte, la música, las pequeñas actividades  tan simples pero tan motivadoras como correr, ver películas, andar en bicicleta, leer; escribir, escribir, escribir; la luna, el mar, la montaña,  la naturaleza; y, la fe… la fe que tengo en esa fuerza superior, y algo muy especial: la fe que tengo en mi y que voy recuperando cada día más, a pesar de los altibajos.

Así que… hoy me siento bien para decir con  convicción que dentro de unas horas será mi cumpleaños y quiero festejarlo. Hacía mucho que no sentía emoción por hacerlo… y mi manera de celebrar es muy simple:  se trata de un desayuno con mis padres… una mañana cocinando mi platillo favorito con mi mamá para la comida familiar -en mi honor- … y  una cena con amigos, los amigos que están aquí, en esta ciudad… Faltarán tantos que se encuentran en el mundo, lejos, cerca… en otros escenarios, otros climas… pero sinceramente no me importa la distancia, ni el tiempo que tenga sin verlos… lo que siento hoy va más allá de la presencia física… Por último lo festejo así, junto a ustedes, mis queridos amigos de letras, de poesía… a quienes tengo un cariño peculiar, quienes ya son parte de mi mundo…

Y bien, como regalo quiero abrazos,  chiqueos,  muchos chiqueos, besos, poesía… una pieza de blues con la voz de Nina Simone (bueno, esa ya la estoy escuchando en este momento)… una luna casi llena,  más de 35  (y menos de 40) velitas en el pastel… y… y  ya… todo lo demás está aquí, en mis brazos, en mi mente, en mi recuerdo, en mi sentir…

Dios nos bendiga.

¡¡Feliz cumpleaños a mi!!

Lo que quiero decir

Podría estar escribiendo detalles  sobre el altar de muertos que mi madre hace para mis abuelos cada año. Habría intentado describir el cariño con el que coloca cada objeto importante, las ofrendas, los adornos;  Platicaría  sobre la tradición de noche y día de muertos en Michoacán, de la primera vez que viví esa celebración en un panteón purepecha cuando era muy joven… evocaría esas imágenes, las velas, los  olores copal, flor de cempasuchil, incienso… Pero… borré sin querer el video del altar que había hecho para compartir con ustedes. El segundo y el tercer intento salieron desenfocados y con pésimo sonido…  estuve tratando de mejorar la calidad pero por una serie de circunstancias técnicas simplemente no se pudo…

Entonces me  saqué de onda, y ya ni siquiera escribí  ni mostré fotos…

Toda la semana estuve  sintiendo la necesidad de decir algo… muchas reflexiones sobre el  amor,  la concepción respecto   a la  muerte y la vida después de la muerte  (dada la celebración de noche de muertos)… pero todo  quedaba en sensaciones que iban y venían sin darme una idea clara de lo que quería expresar realmente …  así que lo dejé por la paz y me olvidé del asunto de postear algo estos días…

Y entonces… como suele sucederme cuando me desprendo de algo, ese algo llega…

Planeé hacer ese video y escribir una entrada chida acerca de la tradición en cuestión y por supuesto enfocarme en el hermoso altar que hizo mi mami, pero creo que me obstiné demasiado en hacer algo tal cual lo quería…  olvidé lo  que la vida me enseña una y otra vez: no puedes  controlar la corriente de un río, no debes esforzarte  demasiado cuando ves  que se presentan un montón de impedimentos, cuando eso sucede es mejor  preguntarme: ¿por qué me estoy esforzando demasiado?  y abrir los sentidos, pues quizá los reiterados obstáculos   traigan un mensaje especial que necesita ser descifrado.

Me parece que lo que vino  a mi fue  algo que ya sabía, eso  que sé,  pero que de repente olvido, o mejor dicho ignoro…  recordé  que  las cosas, como las situaciones, como los sentimientos, como la vida  no pueden forzarse… todo ello tiene que fluir de manera natural, para que dicho flujo pueda traer las bendiciones correspondientes…  No puedo presionar  el proceso creativo, tal como no se puede  forzar la amistad, el amor…

Y bien… había decidido  no escribir nada este fin de semana y   estaba bien,   sin embargo,  hace rato vi una película que me provocó el escalofrío que me recorre cuando algo me conmueve… es un estremecimiento previo a la lágrima emotiva y serena. Ok, la película en sí no es la gran cosa, pero si lo es el mensaje… se llama “The secret life of Walter Mitty”… a mi me llegó porque me identifiqué con aspectos como… el recordar quienes somos cuando lo olvidamos… el viajero, que para mi no es una actividad sino una actitud…  la importancia del recorrer el camino, más que llegar a la meta… el encuentro con uno mismo… y más…

En fin…  hubo una escena en la que el personaje místico de la película dice algo que cuando  escuché sentí la necesidad de compartir:

“Sometimes I don’t. If I like a moment, for me, personally, I don’t like to have the distraction of the camera. I just want to stay in it” (A veces, no sé… si me gusta un momento, para mi,  personalmente, no quiero tener la distracción de la cámara. Sólo quiero quedarme en él)…

Eso es lo que le dice Sean a Walter cuando haciendo a un lado su   cámara   decide  mirar  con sus propios ojos al felino (que ha estado intentado fotografiar);  Sean Penn  transmite muy bien la emoción del personaje a través de su mirada…

Ello fue  para mi el complemento del  aprendizaje  que he reforzado estos días:  no lo intentes demasiado… deja que  fluya… estás  aquí, ahora,  rodeada de tu  mundo…  el futuro sólo está en tu mente… déjalo libre… vive este momento. Me lo digo una y otra vez   pues es algo que aprendí y en lo  que creo.  Lo pongo aquí, en este espacio virtual,  porque para mi es  una bendición asimilarlo, aplicarlo y  compartirlo… con ustedes.

Y  bien. No quiero dejar de mostrarles la foto  del altar que mi madre y yo (ayudé un poquito)   hicimos este año para mis abuelos, ésta si sale bien. Si desean  preguntarme cualquier cosa sobre él  con mucho mucho gusto les platico.

Altar de muertos en honor de mis abuelos

Altar de muertos en honor de mis abuelos