Hechizo de limón

La noche anterior había soñado el mar de  un color aguamarina, transparente, en calma. Por eso cuando hicieron el sorteo y a su equipo le  tocó el  “peor” hotel de la lista  Lina  no se quejó como los demás pues sabía que todo estaría bien en Varadero.

“Estar bien” significaría llevarse chido con sus compañeros, comer rico  y tener tiempo libre suficiente para ir a la playa o de paseo… nunca imaginó que  aquel alojamiento pequeño y poco equipado sería el escenario donde lo encontraría a él.

Si la última noche en Varadero    hubiera rechazado la invitación de los otros para ir al bar porque planeaba  relajarse sola en la alberca a manera de despedida…  Si el hotel ofreciera más variedad de fruta… si ella no hubiese tenido que guardar un precioso y preciado limón en su habitación para una ocasión especial…  y si no hubiera tenido que subir al cuarto por el limón porque ese pollo al horno que la esperaba en el comedor  necesitaba                -definitivamente- unas gotas de cítrico… entonces Lina no habría pasado corriendo  exactamente a las 8:27  por el punto debajo del olivo en el   caminito  del  restaurante al edificio principal, donde Emiliano apareció  de un salto en medio de la obscuridad.

Si no hubiese sido así… no habrían chocado sorpresivamente…. mirado de frente, sonreído, saludado -ella en Español y él en Italiano-, platicado; ella no lo habría invitado a  cenar a su lado; él no habría  pedido el vino, tampoco dicho luego -andiamo in piscina-; No habrían subido rápidamente a ponerse los trajes de baño,  entrado al  agua tibia, jugueteado un poco a perseguirse,  acomodarse debajo del puente -donde nadie los veía… Emiliano no se habría acercado, no la habría besado -firme y decidido-  ni  ella  habría respondido intensamente.

Tal vez fue la belleza de ambos, su  encanto, la plática, el  verano,  el vino, la serenidad de la noche, el saber que era la última… quizá  fue casualidad,   mera coincidencia todo aquello que hizo  a Lina y Emiliano decidir  volverse  a ver  en La Habana pocos  días después… en  Toronto  el año siguiente… en Europa dos años más tarde…

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11 pensamientos en “Hechizo de limón

  1. Me gusta el hechizo de limón, la casualidad, destino, los puntos coincidentes y el enamoramiento…¡Me gusta! ¡Me gusta mucho, Zuri! 😀
    Un besote.

  2. Una historia atropelladamente rica en paisajes, encuentros y ¿recuerdos? – Me encanta que nos lleves de viaje por tus sueños, Zuri.

  3. “No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos”.
    Una historia preciosa! Me gusta mucho cómo escribes, creo que voy a pasar por aquí a menudo 🙂

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