Cuentito de luna

Los organizadores fueron muy reiterativos en una instrucción para  los ciclistas: por ningún motivo miren la luna.  Andrea, a quien le gustaba dar la contra,  hizo caso omiso de la indicación  y alzando la mirada buscó con gran curiosidad.

Entre las nubes obscuras se abría paso un destello blanco cada vez más definido, más redondo. Un golpe de viento la hizo salir por completo. Era la luna más grande y fascinante que jamás había visto. Inmediatamente  fue presa de su embrujo  y no pudiendo dejar de mirarla perdió el control de su  bici.

Su cuerpo salió disparado.

Cuando abrió los ojos se encontraba en el hospital con la mitad del cuerpo enyesado.  Tenía dolor y sin embargo un sentimiento de bienestar  le  invadió el alma   al evocar el único recuerdo de la noche anterior.

Con el tiempo Andrea se recuperó pero no volvió a rodar bajo la  luna llena; en cambio  salía a la terraza a observarla ilimitadamente hasta verla desaparecer detrás del alba.

Andrea vivió feliz para siempre.

 

 

 

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2 pensamientos en “Cuentito de luna

  1. Se nota. Tienes predilección por la luna, y no me extraña. Muy buen relato que pone en relieve el encanto que produce. Ahora mismo la estaba mirando y es imposible no caer, es inevitable. Un abrazo!

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